La Saludable Efervescencia Interna del PSOE
El PSOE, según parece, ha decidido que la mejor manera de proyectar una imagen de cohesión y futuro es, precisamente, emular una chimenea en pleno invierno. Lejos de las triviales confrontaciones parlamentarias, el partido se enfrasca ahora en un ejercicio de introspección tan sincero como ruidoso. Es un espectáculo, ciertamente, de una riqueza inusitada para el observador externo, que puede deleitarse con las complejas dinámicas de poder y la exquisita sensibilidad política que se despliegan en el seno de una formación de tan venerable trayectoria.
La figura de Felipe González, ese titán que en su día modeló los contornos del socialismo español moderno, ahora se ve interpelada por una nueva guardia que, con la delicadeza de un herrero, le sugiere una jubilación algo más literal de la política activa. Que el señor Torres exhorte a un expresidente del Gobierno a dejar la militancia es una muestra conmovedora, sin duda, del respeto generacional y la fluidez del tránsito de poderes que tanto valoran las organizaciones maduras. No hay medias tintas, solo invitaciones directas a liberar espacios, una claridad que es casi refrescante en estos tiempos de eufemismos.
Mientras tanto, en otro cuadrilátero, el presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, ha decidido que la verdadera amenaza a la estabilidad del partido no reside en las urnas, sino en la ligereza de ciertos comentarios. Exigir disculpas a Óscar López por sus valoraciones sobre Javier Lambán es un recordatorio elocuente de la alta estima en que se tienen las sensibilidades internas. No se trata de minucias programáticas o de la gestión de la cosa pública, qué va. Hablamos de la *sanidad moral* de la crítica entre compañeros, un pilar fundamental para el avance progresista y una lección magistral sobre la jerarquía y la etiqueta en el arte de la lealtad.
Así pues, mientras el país navega sus propias vicisitudes, el PSOE nos regala un *reality show* de alta política, donde las intrigas de palacio superan con creces cualquier debate sobre pensiones o inflación. Uno casi podría pensar que esta efervescencia, esta combustión interna, no es sino la más sofisticada estrategia para demostrar la robusta salud democrática del partido. ¿Quién necesita un adversario externo cuando se tiene una tan vibrante diversidad de opiniones que solo pueden expresarse a golpe de desafío y exigencia pública? Es, sin duda, una forma peculiar de proyectar solidez, donde cada chispa es un testimonio ardiente de su inquebrantable cohesión.
