Las Bisagras del Éxito y la Memoria Selectiva
Tomás Guitarte vuelve al ruedo electoral, y con él, una certeza tan rotunda como el eco de su ya familiar voz en el hemiciclo: «Las puertas giratorias fueron el origen del caso Forestalia». Una revelación que, por su claridad meridiana, casi nos hace olvidar la complejidad inherente a la gestión pública y la siempre sorprendente capacidad del ser humano para enredarse. La figura de Guitarte, ya casi un elemento de mobiliario fijo en el panorama político aragonés y nacional, regresa no solo para recordarnos los males pretéritos, sino para ofrecernos, una vez más, la promesa de una llave que, si no abre todas las puertas, al menos podría decidir cuáles permanecen cerradas.
Desde la singular trinchera de Teruel Existe, Guitarte ha sabido expandir horizontes. De la reivindicación existencial de una provincia, a la proyección de un «Aragón Existe» que aspira a trascender los límites de la queja justificada para convertirse en una fuerza política con vocación de bisagra. Un salto lógico, dirán algunos, en un país donde las singularidades regionales aspiran, tarde o temprano, a la categoría de dogma nacional. La meta, más allá de la defensa de intereses tan específicos como vitales, es clara: ampliar el espacio político y posicionarse como ese actor indispensable al que todos miran cuando las matemáticas parlamentarias se tornan caprichosas. Un ingenioso viraje que convierte la particularidad en palanca, el lamento en poder.
Y aquí reside, quizás, la más elegante de las paradojas. Mientras el Sr. Guitarte diagnostica con precisión quirúrgica el mal de las puertas giratorias como el origen de turbios asuntos pasados, uno no puede evitar preguntarse por el diseño de las nuevas que se vislumbran en el horizonte. ¿Son acaso de un material diferente, inmune a las tentaciones del giro, una vez que la llave del Gobierno se encuentre entre sus manos? O simplemente, ¿la virtud reside en señalar las viejas, mientras se dibuja con esmero el plano de las futuras? La experiencia nos enseña que las puertas, sean de madera, cristal o metal, tienen una molesta tendencia a girar en función de la mano que las empuje.
El «Aragón Existe» de Tomás Guitarte se prepara, pues, para ser algo más que un eco de las reivindicaciones turolenses. Se perfila como una fuerza capaz de inaugurar una nueva era, o al menos, de girar algunas de las manivelas del poder. Esperemos, por el bien de la transparencia y la honestidad, que las bisagras de esas nuevas puertas no chirríen con la misma melodía de antaño. Porque, como bien nos recuerda el candidato, identificar el origen del problema es el primer paso; asegurarse de no replicarlo, una vez en el umbral, es la verdadera prueba de fuego. Y las puertas, sin importar su antigüedad, siempre son un riesgo para quienes se acostumbran a ellas.
