**La UCO y el eterno retorno de los ‘afines’**
Parece que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil tiene una agenda sorprendentemente variada y una capacidad encomiable para desentrañar las telarañas del entramado público-privado. No es que uno se sorprenda ya ante la noticia de que «otra sociedad con afines a Montero» está bajo su lupa, sino que casi se ha convertido en una especie de danza recurrente en nuestro paisaje informativo. Es como ese estribillo pegadizo que, aunque lo hayas oído mil veces, sigue sonando en la radio con una curiosa familiaridad. Esta vez, la melodía nos lleva hasta Valencia, donde la investigación, casi con la precisión de un cronómetro suizo, ha provocado la dimisión de un dirigente. Un gesto que, por supuesto, honra la celeridad, si no siempre la transparencia, de nuestra vida política.
El foco de esta última entrega de «Crónica de un fichaje anunciado» recae sobre José Vicente Berlanga, una figura cuya principal carta de presentación, al parecer, es su «afinidad» con el ex ministro Ábalos. Una cualidad, esta de la afinidad, que en ciertos círculos parece ser más valiosa que un doctorado o una década de experiencia en el sector privado. El relato es deliciosamente predecible: Berlanga fue «fichado» por el actual líder socialista provincial, quien no contento con un solo destino, le «contrató también en el Ayuntamiento de Mislata». Uno no puede evitar admirar la eficiencia de estas redes, donde el talento —o al menos la lealtad compartida— encuentra caminos expeditos hacia múltiples oportunidades, optimizando recursos y, presumiblemente, sin las tediosas vicisitudes de un proceso de selección abierto.
La investigación, claro está, ha generado las consecuencias esperadas. La dimisión del dirigente en Valencia llega como un acto reflejo, un movimiento casi coreografiado en este ballet de las responsabilidades políticas. No es que se admita una culpa explícita, sino que se activa el protocolo de «sacrificio menor» para preservar la imagen y la tranquilidad del conjunto. Es la paradoja de la transparencia: la luz del escrutinio no siempre disipa las sombras, a veces solo las reubica, provocando que ciertas figuras pasen a un segundo plano mientras la infraestructura, el auténtico engranaje, sigue girando.
Y así, la rueda sigue girando. La UCO investiga, los «afines» son contratados con diligencia, y las dimisiones salpican el camino como pequeñas hojas caídas que anuncian, no el fin del otoño, sino la continuidad del ciclo. Quizás el mérito real no resida tanto en evitar la investigación, sino en la sorprendente resiliencia con la que ciertos modelos de gestión de personal —y de lealtades— logran perdurar, mutar y, finalmente, resurgir, esperando la próxima noticia que nos recuerde que, en política, lo único predecible es la perpetua sorpresa de lo ya conocido.
