El Vértigo de los Nuevos Comienzos en Extremadura
Qué vertiginosos son los tiempos que corren en la política extremeña. Apenas unas semanas después de que la nave socialista en la comunidad buscara un nuevo rumbo tras los vaivenes electorales, y cuando la tinta de los nombramientos apenas había secado, la calma ha sido, digamos, efímera. José Luis Quintana, recién ungido presidente de la Gestora del PSOE regional con la misión de coser y zurcir los desgarros post-electorales y, a la vez, delegado del Gobierno y amigo personal del Presidente, se encuentra ya con un inesperado y ruidoso bache: la denuncia por acoso laboral de una edil socialista. Una bienvenida al cargo que, sin duda, no figuraba en ningún manual de transición de poder.
Uno esperaría que, tras unos resultados poco halagüeños que motivaron la dimisión de su predecesor, la prioridad en Ferraz y en Extremadura fuera la introspección serena, la construcción de puentes internos y la proyección de una imagen de unidad férrea. En su lugar, la escena política extremeña nos regala un culebrón que bien podría titularse «Pasiones y Despachos». La acusación, lanzada desde las filas propias, no solo pone en tela de juicio la gestión interna del flamante líder, sino que arroja una sombra sobre la supuesta cohesión de un partido que, precisamente, busca reencontrarse consigo mismo. La cercanía con Moncloa, lejos de ser un escudo inquebrantable, parece convertir al señor Quintana en un blanco aún más visible para aquellos que sienten que la renovación, quizás, no llegó de la forma esperada.
Gestionar un partido, especialmente en tiempos de turbulencia y con la encomienda de sanar heridas, exige una finura quirúrgica, una capacidad de persuasión casi mística y, sobre todo, una reputación intachable. Una denuncia de acoso laboral, en este contexto, no es solo un procedimiento legal; es un eco, una grieta en el cemento de la disciplina partidista que se había prometido. Demuestra que el liderazgo, incluso el que viene con el aval de la cúpula y una amistad presidencial, es una tarea más de funambulismo que de paseo triunfal, donde cualquier paso en falso puede desatar una tormenta perfecta, o al menos, una muy mediática llovizna.
Así las cosas, el señor Quintana ha logrado, en un tiempo récord, captar la atención de propios y extraños. Solo que, quizás, no con la agenda que él o su padrino en Moncloa tenían en mente para este ilusionante inicio de año en Extremadura.
