El Universo, ¿con consistencia de jarabe?
El universo, ese coloso inasible que nos desafía con su magnitud y misterios, ha vuelto a sorprendernos con una de esas pinceladas que solo la física de vanguardia puede concebir. Atrás quedaron, quizás, los días en que nos contentábamos con un tejido espacio-temporal liso y predecible, al que las masas solo doblaban con elegante gravedad. Ahora, los astrofísicos, con la paciencia de un entomólogo frente a una especie rara, nos sugieren que el espacio mismo, ese vacío que creíamos tan etéreo y sin impedimentos, podría ser, agárrense, ¡viscoso! Uno casi puede imaginarse a los fotones esforzándose, abriéndose paso por una especie de almíbar cósmico.
La implicación, por supuesto, es que la expansión no sería constante, sino que podría encontrar cierta resistencia, como si el cosmos estuviera sumergido en una gelatina cósmica donde las galaxias se mueven con la gracilidad de una cucharada de miel en una taza de té fría. Es una idea tan audaz como deliciosamente mundana, reduciendo la grandiosidad del vacío a una propiedad tan tangible como la de un pegamento. Uno se pregunta si este descubrimiento cambiará algo en nuestro día a día, o si simplemente añade otra capa de complejidad deliciosamente incomprensible a la ya abultada lista de cosas que no entendemos sobre el gran afuera.
Por supuesto, detrás de esta hipótesis tan peculiar hay cálculos y observaciones de una sofisticación apabullante, que trascienden la mera intuición. Pero no deja de ser enternecedor ver cómo nuestra especie, confinada a un minúsculo rincón de este aparente «almíbar», se afana en describir las propiedades reológicas del todo. Es un recordatorio de que cada nueva frontera del conocimiento a menudo redefine lo que creíamos saber de forma radical, sustituyendo la simplicidad imaginada por una complejidad, a veces, deliciosamente pegajosa.
Así que, mientras los astrofísicos se deleitan con sus ecuaciones y los telescopios apuntan más lejos que nunca, nosotros, meros habitantes de este rincón del espacio-miel, podemos hallar cierto consuelo en la idea de que, quizás, el universo no se expande a la velocidad que esperábamos simplemente porque le cuesta un poco. Como a todos nosotros, al levantarnos un lunes por la mañana.
