## La Diégesis del Diseño: Cuando el ADN se Vuelve Políglota
En un mundo que clama por el diálogo, tanto intercultural como interplanetario si la ocasión lo permite, la noticia del desembarco de Celia B en Oriente Medio es, sin duda, un bálsamo para el espíritu globalista. La diseñadora Celia Bernardo, artífice de un universo estético tan propio como un lunar de feria, nos asegura que su ADN es “versátil y capaz de dialogar con culturas distintas sin perder su autenticidad”. Una afirmación que, de tan rotunda, invita a la reflexión pausada, casi zen, sobre los milagros de la identidad de marca.
Porque, ¿qué significa exactamente ‘dialogar’ con una cultura en la que las paletas cromáticas, las siluetas y hasta los propios conceptos de visibilidad y adorno pueden distar siglos-luz de los nuestros? El universo Celia B, con su explosión de colorines y estampados que evocan un jardín botánico bajo el efecto de alguna sustancia recreativa (en el buen sentido, claro), ha demostrado ser inquebrantable en su autenticidad patria. Ahora, esta esencia, que uno podría describir como ‘alegría mediterránea con un toque de excentricidad anglosajona’, se dispone a susurrar sus verdades al oído de Oriente Medio, no sin la sabia colaboración de Marwa Aljaber, diseñadora de Bahéin, para que el ‘diálogo’ tenga al menos dos voces, y no parezca un mero monólogo con acento exótico.
La ‘conquista de Oriente Medio’, como reza el titular, suena a epopeya, a cruzada estética donde el tejido sustituye a la espada. Y es que la ‘versatilidad’ del ADN, en el contexto del siglo XXI, a menudo se traduce en la capacidad de adaptarse a un nuevo nicho de mercado con la misma plasticidad con la que un camaleón se mimetiza con su entorno, solo que, en este caso, la autenticidad prometida debería ser el estampado que lo delate. La colección Moonbeam, entonces, no solo es una cápsula de moda; es un experimento sociológico, un banco de pruebas para la teoría de la relatividad cultural aplicada al perchero.
Solo nos queda aplaudir la audacia de esta aventura y esperar que el ‘diálogo’ sea tan fructífero como el departamento de marketing espera. Quizás, en efecto, el auténtico milagro de la moda no resida tanto en su capacidad de crear belleza, sino en su inquebrantable fe en que cualquier ADN, con la dosis adecuada de ambición y colaboración, puede, de verdad, ser universalmente auténtico. Solo hace falta creer, y quizás, una buena campaña de lanzamiento.
