## La Ascensión de la ‘Fontanera’: Una Oda a la Flexibilidad Administrativa
En la fascinante crónica de la vida pública española, emergen figuras que, con un singular talento, logran redefinir los parámetros de lo que conocemos como ‘carrera profesional’. Y pocas historias capturan con tanta precisión este espíritu de reinvención como la de Leire Díez, la ahora célebre ‘fontanera’, cuyo reciente «ascenso» en la trama corrupta, acusado de nada menos que cinco delitos de máxima gravedad, merece una reflexión pausada y, quizás, una reverencia irónica.
Lo que otrora pudo haber sido un humilde oficio de desatascar arterias urbanas parece haber servido como una metáfora, o tal vez una preparación, para un desafío de mayor envergadura: desatascar los contratos públicos y, con ello, los cauces de la legalidad. Según los investigadores, la señorita Díez demostró una notable capacidad para «moverse más allá de los márgenes de la legalidad» precisamente desde que el actual presidente del Gobierno llegó a Moncloa. Es una coincidencia temporal de esas que invitan a la meditación sobre la oportunidad y el ingenio en un nuevo panorama político. Quizás ciertos aires renuevan no solo el ambiente, sino también las posibilidades para aquellos con una particular visión de la «gestión».
El amaño de contratos, ese arte menor de la administración, elevado aquí a categoría de disciplina olímpica, requería, sin duda, una visión que trascendiera lo meramente convencional. No es casualidad que se le imputen delitos de «máxima gravedad»; estos no son el resultado de la torpeza, sino, a menudo, de una dedicación casi artística al desvío, a la sutileza de la alteración. La ‘fontanera’, por lo visto, no solo sabía dónde apretar una tuerca, sino también cómo aflojar todo un sistema con una precisión quirúrgica, transformando la rigidez normativa en una flexible tela de araña para sus propios propósitos.
Así que, mientras la justicia desentraña los vericuetos de este particular ‘ascenso’, uno no puede evitar reflexionar sobre la flexibilidad del ingenio humano y las sorprendentes vías que la ambición encuentra para manifestarse. Quizás la señorita Díez, con su audacia para ‘optimizar’ procesos y su habilidad para ‘moverse más allá’, no solo reparaba tuberías, sino que también estaba sentando las bases de una nueva escuela de ‘gestión’ administrativa, donde los ‘márgenes’ son más una sugerencia que una frontera. Una verdadera pionera, sin duda, en la redefinición de lo que significa un «contrato indefinido» en la esfera pública.
