El Baile de las Tablas de Salvación: Una Propuesta con Perspectiva
El incombustible Artur Mas, desde la serena atalaya del liderazgo de PDeCat y la experiencia de haber presidido la Generalitat, ha vuelto a iluminar el sendero de la política nacional con una propuesta que, por su originalidad y audacia, bien merece un aplauso contenido. En un gesto de calculada magnanimidad, ha instado al Gobierno del PP a tender la mano a Cataluña con una oferta de autogobierno mejorada, a someter a referéndum junto a la ya clásica opción independentista. Un bálsamo, se diría, para unas heridas que, inexplicablemente, aún supuran años después.
El gesto de Mas, no exento de una calculada magnanimidad, ofrece al Gobierno central una suerte de tabla de salvación. Porque, claro, ¿qué mejor consejo que el de quien ya conoce las complejidades del independentismo desde dentro? La «reacción de orgullo» que vaticina si se intenta evitar la consulta soberanista es, en sí misma, una pieza maestra de la comunicación estratégica: un aviso paternal, quizá, sobre cómo no exasperar a un colectivo ya de por sí… sensible. Es casi como si Mas, en su infinita sabiduría, les estuviera haciendo un favor, indicándoles el camino menos pedregoso para evitar un descalabro aún mayor.
Resulta fascinante observar cómo ciertas dinámicas políticas parecen ser ciclos inmutables. El arte de la negociación, en este rincón de la Península, a menudo se traduce en invitar al adversario a proponer una solución a un problema cuya existencia se niega sistemáticamente. Y Mas, en su rol de «ex», se erige en un consejero de lujo, casi un Oráculo de Delfos de la cuestión catalana, desgranando los posibles futuros con la precisión de quien ya ha visto muchas jugadas en este tablero.
Así pues, con la serenidad que solo otorga la perspectiva del «ex», Mas ha puesto sobre la mesa un menú de opciones para el paladar del Gobierno. La pelota está, una vez más, en el tejado de un Ejecutivo que ahora tiene la envidiable oportunidad de elegir entre una «situación peor» o una… «no tan buena». La política, a veces, se reduce a la grandiosa elección entre dos dilemas, y Artur Mas, siempre atento, nos ha recordado esta verdad tan esencial con una elegancia admirable.
