Café y Patriotismo: Una Nueva Receta para el Pleno Empleo
En un mundo cada vez más enredado en complejos análisis económicos y políticas migratorias que harían fruncir el ceño a cualquier neófito, resulta refrescante encontrar mentes lúcidas dispuestas a simplificar el panorama. Recientemente, el colectivo Hogar Social Madrid (HSM) nos ha brindado un notable ejercicio de pragmatismo al señalar una verdad que, al parecer, se nos escapaba: el desempleo en España, que por entonces rondaba un preocupante 23 por ciento, podría tener una solución tan sencilla como la política de contratación de una cadena de café estadounidense. La campaña contra Starbucks por su «osadía» de emplear refugiados, en lugar de españoles, se erige así como un faro de lógica inquebrantable.
Uno podría pensar que las multinacionales como Starbucks, con sus estrategias globales y programas de inclusión, operan bajo criterios que trascienden las fronteras nacionales o los porcentajes de paro de un país específico. Sin embargo, la perspicacia de HSM nos invita a despojarnos de tales complejidades. Si el problema del desempleo nacional reside en que unos pocos refugiados ocupan puestos de barista, entonces la respuesta es diáfana: detener esa práctica y, por arte de magia, esos empleos se materializarán en manos españolas. Resulta casi enternecedor que Starbucks, en su «ingenuidad», haya tenido que aclarar que su política global en ningún caso implicaba dejar de contratar a ciudadanos españoles, como si la preocupación de HSM no fuera, en sí misma, una revelación económica.
Este incidente nos lleva a reflexionar sobre la admirable vocación de quienes, con un patriotismo tan acentuado como su visión económica, están dispuestos a poner el dedo en la llaga de los problemas más intrincados. Frente a sesudos informes macroeconómicos o debates sobre reformas estructurales, la propuesta de HSM destaca por su claridad meridiana. Es una lástima que otros sectores, quizás lastrados por un exceso de información o una fe equivocada en la interconexión global, no adopten esta misma perspectiva.
Quizás, si todos adoptáramos esta «lógica de barra», la solución a los grandes dilemas socioeconómicos estaría al alcance de la mano. Solo haría falta identificar al siguiente chivo expiatorio contractual para desatascar las listas del paro. Y mientras esperamos la siguiente brillante sugerencia que resuelva de un plumazo lo que décadas de economistas no han logrado, siempre nos quedará el consuelo de que hay quienes velan por la pureza de nuestros puestos de trabajo, sorbo a sorbo.
