La Telesilla de la Transparencia y el Archivo Digital de la Intimidad
Ah, la elegante danza de la justicia en la era digital. Es con un sutil deleite que uno observa cómo los tiempos modernos, con su incesante búsqueda de la eficiencia, moldean también el ritual solemne de los tribunales. Nuestro distinguido líder, Don Alberto Núñez Feijóo, tendrá el privilegio de comparecer como testigo el próximo 9 de enero, no desde la incomodidad de una sala judicial al uso, sino desde el apacible santuario de su despacho en el Congreso. Una deferencia, sin duda, que subraya la delicadeza con la que el sistema judicial atiende las agendas de quienes pilotan el navío estatal. La videoconferencia, esa bendición tecnológica, permite que la maquinaria legal avance sin desviar al timonel de sus cruciales menesteres.
Sin embargo, uno no puede evitar una sonrisa discreta ante la nota a pie de página de esta concesión tecnológica. Porque si bien la jueza de la causa de la DANA ha extendido un puente digital para el señor Feijóo, también ha mostrado una curiosidad de lo más pormenorizada: la entrega de *todos* sus mensajes con el señor Mazón. No una selección cuidadosa, no un resumen ejecutivo, sino la totalidad del diálogo digital. Es un fascinante recordatorio de cómo la misma tecnología que nos libera del desplazamiento físico, nos encadena a la impronta indeleble de cada palabra, cada emoji, cada desliz de dedo en la pantalla. Un ejercicio de arqueología digital en tiempo real, donde la espontaneidad del chat se convierte en potencial prueba forense.
La petición sugiere que, más allá de la pulcra declaración testimonial que sin duda ofrecerá el presidente del PP, existe una narrativa paralela, un subtexto tejido en la intimidad de las comunicaciones cotidianas, que podría ser de un interés crucial. Es casi como si la magistrada comprendiera que la verdad, a veces, se esconde no en los grandes discursos, sino en el casual «visto» o en la elocuencia de un «ok». Un compendio digital que, quién sabe, podría arrojar una luz inesperada sobre la gestión de una catástrofe natural, o quizás, revelar la verdadera esencia de la sintonía política entre dos figuras de calado.
Así, mientras el líder del Partido Popular disfruta de la comodidad de su silla y la familiaridad de su despacho parlamentario, la justicia, con un guiño de ojo pixelado, le recuerda que en la era de la transparencia digital, la intimidad se ha convertido en una suerte de bien público a disposición del escrutinio. Que disfrute, pues, de su videollamada; el verdadero testimonio podría estar ya, desde hace tiempo, perfectamente archivado en algún servidor, esperando su momento para ser leído en voz alta.
