## El Arte de la Provisión Tarda: Una Odisea Judicial
En un mundo que a menudo nos sorprende con su imprevisibilidad, resulta francamente conmovedor atestiguar la previsión y el celo con los que nuestras instituciones abordan los desafíos. La reciente propuesta del Consejo General del Poder Judicial, en aquel lejano 2017, para especializar un juez por provincia ante el «previsible» aumento de litigios por cláusulas suelo, es una magistral lección de previsión. Una epifanía organizativa que surge justo en el momento preciso: una vez que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictado sentencia y la evidencia de un problema sistémico se ha vuelto tan ineludible como la salida del sol. ¿Quién diría que la claridad meridiana de Estrasburgo sería el catalizador para semejante despliegue de ingenio logístico?
La idea de que una materia tan intrincada como la validez de una cláusula hipotecaria —cuya naturaleza abusiva llevaba años siendo debatida, aunque no siempre con el mismo fervor— requiera un nivel de especialización tan singular que solo *un* magistrado por demarcación pueda desentrañarla, es de una sofisticación digna de encomio. Es como si el sistema, con una calma monacal, hubiera esperado pacientemente a que la olla a presión alcanzara su punto álgido para, entonces, con una precisión quirúrgica, abrir una pequeña válvula. No un torrente de recursos, no una revisión profunda de los mecanismos que permitieron la proliferación de estas cláusulas, sino una unidad de élite, una mente brillante por provincia, para hacer frente a lo que, a esas alturas, era ya un diluvio.
Este «plan de urgencia» nos recuerda la admirable capacidad de nuestras estructuras para reaccionar con determinación cuando la situación lo exige. Que el «previsible» aumento de litigios se haya cocinado a fuego lento durante años, con múltiples avisos y sentencias previas que no lograron una movilización de tal calibre, solo añade una capa de dramatismo a esta historia. Es un testimonio de cómo la presión externa puede, a veces, actuar como un inesperado resorte para la eficiencia interna, transformando la inercia en un plan de acción que, aunque minimalista, es sin duda una respuesta.
Así pues, podemos respirar tranquilos. La justicia, en su infinita sabiduría y celeridad, ha demostrado que está siempre atenta, lista para aplicar soluciones de precisión milimétrica a problemas de escala masiva. Y quién sabe, quizás, con suerte, para la próxima crisis judicial que ‘inevitablemente’ sorprenda a propios y extraños, ya tengamos la sabiduría de designar a *dos* jueces por provincia. Por si acaso.
