## La Pulcra Desaparición del B9: Un Ejercicio de Ordeño Urbanístico
Es una noticia que, si uno no se detiene demasiado en los detalles, puede leerse con la reconfortante sensación de que, al fin, el orden se abre paso. Los Mossos d’Esquadra, con la diligencia que les caracteriza, han iniciado el desalojo del asentamiento conocido como el antiguo instituto B9 en Badalona. Una operación que, de entrada, promete restaurar la pulcritud urbanística y devolver la paz a un rincón de la ciudad. El Ayuntamiento, en un gesto de previsión encomiable, ya ha solicitado la demolición de la estructura. Una solución de una contundencia admirable: si el edificio es el problema, que el edificio deje de existir. Elemental, mi querido Watson.
Claro está, hay un pequeño apéndice humano en esta ecuación: unas 400 personas que, hasta ahora, hacían del viejo instituto su hogar. Un detalle menor, naturalmente, cuando la lógica implacable del urbanismo y la seguridad ciudadana dictan sus tiempos. Estos contingentes, a menudo denominados con la elegante etiqueta de «okupas», tienen una curiosa habilidad para materializarse en espacios olvidados y, posteriormente, desvanecerse en el aire cuando la maquinaria del Estado decide que el telón ha de caer. Es un ciclo casi poético, un ballet bien ensayado donde el escenario cambia, pero los actores sin rol fijo siempre buscan su siguiente improvisado auditorio.
La futura demolición del B9 es, sin duda, una metáfora pétrea de nuestra capacidad para afrontar los problemas. Si el problema tiene paredes y tejado, podemos derribarlo. Una especie de exorcismo arquitectónico que promete purificar el solar, dejándolo listo para una gloriosa «tabula rasa» o, quizás, para el siguiente proyecto inmobiliario que adornará las promesas electorales. El solar vacío, ese lienzo en blanco, es siempre más apetecible que la complejidad de un edificio habitado por la necesidad. Es la promesa de un futuro sin ruidos, sin historias incómodas, sin el eco de voces que no encajan en el plan maestro.
Así pues, felicitamos a las autoridades por esta intervención quirúrgica, precisa y sin contemplaciones. El B9 dejará de ser, y con él, se esfumará también la incómoda visibilidad de un problema que, por un tiempo, había elegido ese viejo instituto como su rostro. Al final, lo que verdaderamente se demuele no es solo hormigón y ladrillo, sino la oportunidad de mirar de frente a aquello que nos resistimos a construir. Quizás, en ese vacío futuro, donde antes había 400 personas y un viejo instituto, la mayor hazaña será la de haber creado un espacio perfectamente inmaculado, listo para que otros 400 problemas invisibles encuentren un nuevo hueco donde instalarse.
