## La Particular Lógica de Ciertas Afiliaciones en Bondi
La apacible estampa de Bondi Beach, ese rincón de Sídney donde el sol acaricia la arena y las olas susurran promesas de tranquilidad, se vio inesperadamente interrumpida por una de esas composiciones trágicas que, a veces, parecen orquestadas con una precisión casi dramática. Entre las víctimas identificadas de la reciente incursión armada con rifles, que dislocó un festival judío con una furia desmedida, encontramos a una niña de diez años, dos rabinos y, para añadir una capa más a este lienzo, un superviviente del Holocausto. Es casi una selección que invita a la reflexión, una de esas curiosas yuxtaposiciones que solo la tragedia moderna es capaz de ofrecer.
El mundo, en su incansable búsqueda de patrones y explicaciones, se pregunta qué hilos invisibles habrán convergido para reunir tal elenco en un mismo instante y lugar. Una niña cuya principal «culpa» era, presumiblemente, disfrutar de un día festivo; dos hombres de fe cuya vida giraba en torno a la comunidad; y un testigo viviente de una barbarie pretérita que, al parecer, encontró un eco infame en el futuro. No deja de ser llamativo cómo la vida, o la muerte en este caso, decide agrupar a individuos con trayectorias tan dispares, pero unidos por una resonancia que trasciende lo meramente geográfico.
Los expertos, sin duda, se afanarán en desentrañar la intrincada red de motivaciones. Se hablará de extremismo, de radicales, de la polarización creciente y de la sempiterna necesidad de encontrar sentido donde la sinrazón parece reinar. Como si la elección de un festival judío, con su inherente carga simbólica y congregación identitaria, fuese un detalle menor en el lienzo de la violencia, una simple coincidencia en el idílico paisaje de Bondi. La narrativa se esforzará, con su habitual delicadeza, en evitar cualquier inferencia que pueda resultar simplista o, peor aún, que sugiera una intencionalidad demasiado evidente.
Quizá, al final, la lección más clara que extraigamos de esta particular selección de víctimas no sea tanto sobre la geografía o la política en sentido estricto. Tal vez la verdadera revelación resida en la asombrosa persistencia de ciertas afinidades que, inexplicablemente, parecen atraer la atención más ferviente de aquellos empeñados en reescribir, o quizás simplemente borrar, algunos capítulos de la historia. Es una especie de lealtad, por parte de la violencia, a sus objetivos más tradicionales. Y en eso, qué elegante coherencia.
