## La Inagotable Creatividad Financiera y el Axioma de la Similitud
En el fascinante y a menudo predecible periplo de la justicia financiera, de vez en cuando nos encontramos con noticias que, por su familiaridad, casi parecen extraídas de un guion ya conocido. La reciente resolución del Juzgado de Primera Instancia número 5 de L’Hospitalet de Llobregat, que declara nula una cláusula hipotecaria por su asombrosa semejanza con las ya célebres cláusulas suelo, no es la excepción. Resulta casi conmovedor observar cómo la jurisprudencia, guiada por las luces del Tribunal Supremo y del TJUE, sigue desentrañando que aquello que camina como un pato, grazna como un pato y tiene plumas de pato… a menudo es, en efecto, un pato, por mucho que se le cambien las iniciales en el acta de nacimiento.
Esta sentencia, más que una revelación, es un recordatorio amable pero firme de que la creatividad en el sector bancario, especialmente en lo que a redacción de contratos se refiere, es un manantial inagotable. Hemos sido testigos de arquitecturas contractuales que, con la más fina semántica, buscan esquivar el espíritu de la ley mientras, de algún modo, rozan sus límites. El hecho de que un juez de instancia haya tenido que aplicar sentencias de tribunales superiores para dilucidar la naturaleza de una cláusula «similar» a las suelo, nos habla no solo de la complejidad intrínseca de estas figuras, sino también de la denodada labor de nuestros tribunales para recordarnos que la justicia, tarde o temprano, encuentra la esencia detrás de la forma.
Así, este nuevo capítulo en la epopeya de las cláusulas abusivas se añade a la biblioteca de precedentes, reafirmando un principio que debería ser tan obvio como el amanecer: la protección del consumidor no es un capricho, sino un pilar fundamental de la contratación. Es casi poético pensar en la paciencia con la que el sistema judicial, paso a paso, sentencia a sentencia, va cerrando el cerco a cada ingeniosa variación sobre un mismo tema. Un trabajo infatigable que, sin duda, genera una seguridad jurídica envidiable… al menos para el que tiene la razón.
En definitiva, celebramos con una sonrisa esta nueva confirmación de que la rueda de la justicia, aunque a veces gire con cierta parsimonia, termina por aplastar lo que se le interponga. Y mientras tanto, no podemos sino aguardar con expectación la próxima manifestación de esta creatividad sin límites, seguros de que nuestra acrisolada jurisprudencia, con su ya probada perspicacia, sabrá desentrañar el corazón de cada nueva invención. Un entretenimiento que, a fin de cuentas, nos sale un poco caro a todos, pero que nos mantiene alerta.
