## El Esplendor Inaccesible: Apoteosis de la Ausencia en Calcuta
Cuando el orbe futbolístico fija su mirada en un evento de magnitud casi cósmica, la figura de Lionel Messi, un semidiós contemporáneo, promete eclipsar el firmamento con su sola presencia. La anticipación en Calcuta, una urbe vibrante y apasionadamente futbolera, no fue una excepción. Sin embargo, lo que se desplegó en aquella jornada de diciembre de 2025 fue menos una epifanía y más una lección magistral sobre el arte de la invisibilidad estelar. Pagar más de cien euros para no verle «ni la cara» es, si se me permite la osadía, una experiencia tan moderna como paradójica. Un relato que bien podría titularse: «El héroe que estuvo, pero no se mostró».
La ingeniería de la visibilidad en la era de la hiperseguridad alcanza cotas de arte abstracto. Veintidós minutos, una cifra que evoca más bien la duración de una pausa publicitaria que la de una epifanía, fueron los concedidos por el astro. El omnipresente «cordón de seguridad», erigido para proteger al ídolo, se transformó paradójicamente en una barrera existencial, diluyendo al héroe en una masa informe de «presencia» casi espectral. El verdadero milagro no fue su aparición, sino la fe inquebrantable de miles que abonaron un tributo considerable por una promesa de contorno difuso. La ironía reside en que, para preservar la exclusividad del contacto, se terminó por disolverlo en la nada, dejando a su paso solo el eco del desengaño y alguna que otra contusión.
Asistimos así a la metamorfosis del espectáculo: ya no se trata de ver, sino de haber estado. La «denuncia de estafa» se convierte en una declaración de principios sobre el valor de la expectativa frente a la realidad tangible. Los disturbios, las cargas policiales, no son más que el fervor desatado por la proximidad frustrada; la energía de la devoción, convertida en cinética pura, una danza primal alrededor de un altar cuya deidad era apenas un rumor. En un mundo donde la celebridad se consume en píxeles y algoritmos, la presencia física de un ídolo como Messi, cuando es tan esquiva, se sublima a una forma de performance conceptual.
Quizás el error reside en nuestra antigua concepción del «encuentro». La experiencia en Calcuta nos invita a reconsiderar el valor de la ausencia. ¿No es acaso más poderosa la figura de un Messi apenas vislumbrado, una silueta borrosa rodeada por el mito y el caos, que la de un hombre cualquiera claramente enfocado? El verdadero espectáculo en Calcuta no fue Messi, sino la búsqueda de Messi; la devoción en su estado más puro, tan intensa que convirtió la ausencia en una presencia más poderosa. Una experiencia, sin duda, inolvidablemente «in-visible».
