## La Geografía del Lugar Inapropiado y los Vientos de Cambio
El PSOE, ese adalid incansable de la igualdad y la vanguardia moral en la política española, se encuentra, según las crónicas periodísticas, en medio de un inusitado y recurrente descubrimiento: que la dignidad en las relaciones interpersonales no siempre se da por sentada, incluso entre sus más prometedores cuadros. Uno no puede sino maravillarse ante la pertinaz aparición de casos que, con una cadencia casi rítmica, nos recuerdan la compleja tarea de llevar los principios de la calle al despacho, y del despacho a la intimidad, por muy pública que sea la figura.
Así, mientras un alcalde de Córdoba decide, con admirable prontitud, dar un paso al lado —no sin antes admitir «conversaciones fuera de lugar»—, emerge una nueva investigación que apunta al número dos de la provincia de Valencia, Toni González. Este último, con la vehemencia propia de quien se sabe injustamente señalado, no duda en declararse víctima de un «montaje». La defensa del «montaje» es un clásico atemporal del repertorio político, una pieza que, interpretada con convicción, siempre encuentra su público y su momento. Mientras el primero nos habla de una geografía de la impropriedad que bien merecería un atlas propio, el segundo nos invita a contemplar la malevolencia de oscuros complots, ofreciéndonos así un intrigante dilema narrativo.
Lo verdaderamente fascinante, en este escenario que bordea lo shakesperiano, es cómo la formación que más ha abanderado la causa feminista y la lucha contra el acoso, debe ahora digerir y gestionar estas recurrentes anomalías internas. Es un recordatorio, quizás un tanto incómodo, de que la teoría es siempre más pulcra que la práctica, y que la condición humana, incluso la más ideológicamente alineada, conserva rincones insondables donde los manuales de buena conducta parecen no haber sido leídos con la debida atención. O, peor aún, donde las definiciones de «acoso» y «lugar» adquieren una elasticidad semántica que desconcierta al lego.
En fin, mientras el partido se afana en desentrañar estas complejas tramas y en purgar, con la máxima transparencia posible, las conductas inapropiadas, la sociedad asiste con una mezcla de curiosidad y fatiga a este particular «viaje de descubrimiento» interno. Un viaje que, para una formación que presume de haber llegado a puerto hace mucho tiempo en materia de igualdad, revela que aún hay algunas aguas desconocidas y corrientes subterráneas que explorar. Quizás la lección sea que, a veces, la vanguardia no está en definir nuevos horizontes, sino en recordar viejos y básicos principios a aquellos que, por alguna razón, parecen haber extraviado su brújula moral en la vorágine de la gestión pública.
