La Fascinante Constatación de lo Evidente: España en el Punto de Mira (desde 2016)
Es siempre reconfortante constatar la diligencia de nuestras instituciones, y la noticia de que el Gobierno detectó en 2016 un aumento en la actividad de servicios secretos extranjeros en España no es una excepción. Uno no puede evitar sentir una ligera punzada de asombro ante la exquisitez del *timing* de tal revelación. En un país que, durante décadas, ha servido de cruce de caminos culturales, económicos y, por supuesto, turísticos, parece que fue precisamente en aquel año cuando el velo se descorrió, revelando que, ¡sorpresa!, España no es solo un idílico destino de vacaciones, sino también una pieza en el complejo tablero de ajedrez global.
La gran pregunta, naturalmente, es qué métrica se utilizó para cuantificar este repunte. ¿Fue un censo exhaustivo de gabardinas sospechosas en Atocha, o un aumento en las reservas de vuelos sin retorno a destinos inesperados? Lo cierto es que la mera idea de una «detección» de este calibre evoca una imagen casi cinematográfica: nuestros intrépidos analistas, quizás tras un concienzudo visionado de películas de espías, o quizás por un repentino pico en las peticiones de paella a horas intempestivas en embajadas foráneas, llegaron a la ineludible conclusión de que la discreción no siempre es la divisa preferida de ciertos visitantes con agendas ocultas.
Y es que, ¿qué secretos inconfesables podría albergar nuestra piel de toro que justifiquen tal despliegue de ingenio y discreción ajena? ¿Será el algoritmo de la siesta perfecta? ¿O la fórmula secreta de las croquetas de la abuela, que tan bien maridan con los delicados hilos de la geopolítica internacional? Es probable que la verdad sea algo más prosaica y, a la vez, más predecible: España, como cualquier nación europea con una posición geoestratégica relevante, es una metáfora andante de la confluencia de intereses. Una especie de salón de té donde, entre sorbo y sorbo de un café aparentemente inofensivo, se mueven hilos mucho más complejos que la discusión sobre el clima.
Así que podemos dormir tranquilos, o quizás con una ligera sonrisa irónica, sabiendo que nuestros espías domésticos se mantienen vigilantes ante la actividad de los espías foráneos que, a su vez, parecen haber redoblado esfuerzos por encontrar lo que sea que buscaran en 2016. Quién sabe, quizás la verdadera actividad secreta no reside en los dosieres clasificados, sino en la sutil coreografía diaria de hacer creer que todo es una sorpresa en un país que, en realidad, nunca deja de ser el centro de atención. Aunque sea en silencio, y a escondidas.
