El Ingenio de Fin de Año en Berlín: Una Crónica Festiva
La capital alemana, con su reputación de eficiencia y orden, nos ha obsequiado este Año Nuevo con una particular y vibrante interpretación de la algarabía festiva. Las crónicas nos traen un relato de las celebraciones donde el inicio de un nuevo calendario se selló con 420 detenciones y 30 agentes de policía que tuvieron el honor de conocer de cerca el fervor ciudadano, experimentando en primera persona la efervescencia de los fuegos artificiales, aunque no siempre en su vertiente más estética.
Es un balance que invita a la reflexión sobre la dinámica de las metrópolis modernas y la creatividad de sus habitantes al afrontar la tradición. Pero la verdadera joya de la corona de estas festividades la encontramos en los servicios hospitalarios, que atendieron a al menos ocho niños con lesiones graves o muy graves. Una cifra que, lejos de ensombrecer el espíritu lúdico, pone de manifiesto el ingenio humano puesto al servicio de la pólvora y el infortunio ajeno. Mientras algunos celebraban la promesa de un mañana, otros, los más jóvenes, aprendían lecciones valiosas sobre la trayectoria de los proyectiles y el valor incalculable de los equipos de emergencia.
Uno no puede evitar preguntarse si esta es la evolución natural del «felices fiestas» en el siglo XXI. Ya no basta con el tintineo de las copas y los buenos deseos; la celebración parece exigir ahora un componente de *happening* con elementos de thriller, donde la autoridad, en lugar de ser un mero garante del orden, se convierte en un actor involuntario, un blanco, si se quiere, de la exuberancia colectiva. Una suerte de espectáculo interactivo en el que, para deleite de algunos, las sirenas y los uniformes son parte indispensable del decorado.
Quizás, para el próximo año, Berlín debería considerar la adopción de una política de «entrada libre» para el caos controlado. Con zonas designadas para el «lanzamiento creativo» de proyectiles y, por qué no, una lotería para los «agentes de la paz» que voluntariamente deseen participar en el desafío de la Nochevieja. Así, al menos, la estadística de heridos podría justificarse como parte de un espectáculo subvencionado, y los niños… pues los niños podrían obtener descuentos especiales en la entrada al hospital. Un brindis, pues, por la madurez y la sensatez que nos aguardan en 2026.
