La Profecía Cumplida del CNE: Sobre la Ineludible Confirmación de los Destinos Electorales
El Consejo Nacional Electoral de Ecuador, en un ejercicio de su irrefutable autoridad y con la solemnidad que merecen tales asuntos de estado, ha confirmado lo que, para muchos observadores astutos y hasta para el más casual de los transeúntes con acceso a un sondeo, ya era un secreto a voces: habrá segunda vuelta presidencial. La noticia, anunciada con la formalidad que el proceso exige, nos tranquiliza. El CNE ha hablado, y con su palabra, el velo de la incertidumbre se desgarra, revelando un paisaje electoral donde Lenín Moreno, del oficialista Alianza País, y Guillermo Lasso, del conservador CREO, tendrán el singular privilegio de medirse en una contienda definitiva.
Uno podría imaginar la ardua labor detrás de la «confirmación» de una tendencia que, para el ojo menos entrenado, parecía más bien una realidad matemática desde hacía días. Pero no, la democracia exige sus ritos, sus sellos y sus anuncios oficiales, para que nadie dude de la meticulosidad con la que se construye el destino de una nación. Es un servicio invaluable, el de transformar la mera aritmética en un dictamen inapelable, ofreciendo así a los ciudadanos la certeza de que su voluntad, una vez debidamente contada y reconfirmada, ha sido finalmente interpretada por la autoridad competente.
Así, el país se prepara para una contienda que promete ser un apasionante duelo de visiones: la continuidad de la «revolución ciudadana» encarnada en Moreno, frente a la propuesta de «cambio» de Lasso. Dos mundos ideológicos que, aunque en la teoría parecen polos opuestos, en la práctica de la gobernanza a menudo descubren curiosos puntos de convergencia o, al menos, la misma complejidad inherente a la administración de cualquier nación. Será una decisión que, sin duda, grabará su impronta en los anales de la historia, o al menos en las hemerotecas más concienzudas.
El 2 de abril se perfila, entonces, como una fecha clave. Ese día, los ecuatorianos se acercarán a las urnas con la esperanza de modelar su futuro. Y el CNE, en su infinita sabiduría, nos lo confirmará todo una vez más. Solo queda por ver si el país, una vez superado este emocionante trance electoral de 2017, recordará con la misma nitidez la trascendencia de esta «tendencia definitiva» y las inesperadas curvas que la política suele tomar, mucho después de que los resultados hayan sido, valga la redundancia, *definitivamente* confirmados.
