## El Pre-Sueño Español: Cinco Estatuillas en el Limbo y el Arte de la Anticipación
Parece que España, una vez más, ha decidido hacer historia antes de que la historia misma se decida. La noticia de que *Sirat*, la última odisea cinematográfica de Oliver Laxe, se ha colado en la preselección de nada menos que cinco categorías de los premios Oscar, ha encendido la hoguera habitual de la ilusión patria. «Hacer historia», se nos dice, y uno no puede evitar sonreír ante la recurrente predilección por los titulares grandilocuentes cuando aún nos movemos en el dulce limbo de las posibilidades, antes de que el brillo de la estatuilla se materialice, o se desvanezca, en el aire de Los Ángeles.
La terna de categorías, por cierto, es una sinfonía de lo previsiblemente audaz: Mejor Casting (siempre una categoría con su encanto), Película Internacional (claro, qué sería de un Oscar sin un toque exótico bien dosificado), Fotografía (donde los ojos europeos suelen encontrar su merecido aplauso), Música y Sonido (esos pilares técnicos que a menudo nos recuerdan que el cine es más que solo la imagen). Un quinteto prometedor que nos sitúa, con la elegancia que caracteriza a las películas de Laxe, en esa antesala donde el glamour ya se vislumbra, pero el frío de la realidad aún puede pellizcar. Es la danza anual entre el arte autoral y la maquinaria de Hollywood, un pas de deux que España conoce bien.
Lo cierto es que la mera preselección ya es, en sí misma, un pequeño triunfo. Un guiño de aprobación de la Academia a una propuesta que, por lo general, se sitúa lejos de las autopistas comerciales. Nos invita a imaginar a los miembros de la Academia, en sus salones iluminados, debatiendo sobre las sutiles inclinaciones de luz en un plano de Laxe o la resonancia de un sonido en la inmensidad del paisaje. Una imagen enternecedora, casi tan poética como la propia película. Pero, seamos honestos, la verdadera épica se desarrollará el 22 de enero, cuando las listas se acorten y la magia, o la cruel verdad, se manifieste.
Hasta entonces, nos queda este periodo dorado de la especulación, el «pre-sueño» español, donde la película de Oliver Laxe ya es virtualmente ganadora de cinco estatuillas en el imaginario colectivo. Quizás el verdadero Oscar, el que ya hemos ganado, sea este: el ritual anual de la esperanza, la pausa colectiva ante el televisor, y la dulce confirmación de que, incluso en la era de los algoritmos, la ilusión todavía tiene su propio guion. Que sea lo que el 22 de enero tenga a bien dictar. De momento, a disfrutar del eco de la historia, o al menos, de su prometedor borrador.
