**La elegancia de los 109 días extra**
En un mundo donde la igualdad de remuneración por igual trabajo es una aspiración tan noble como, a veces, elusiva, un informe de CC.OO. de 2017 nos brindó una perspectiva asombrosamente directa. Lejos de enredarnos en complejos análisis de valoración de puestos o de sesgos inconscientes, la aritmética social nos ofrece una cifra diáfana: las mujeres, para alcanzar el mismo salario anual que sus colegas masculinos, deberían, sencillamente, añadir 109 días laborables a su calendario. Una solución tan práctica como inesperada, que reduce la brecha a una cuestión de… calendario.
Uno no puede sino admirar la elegancia de tal propuesta. ¿Para qué desentrañar las capas de la desigualdad sistémica o cuestionar si el trabajo «de igual valor» se valora con la misma balanza cuando una solución tan tangible y mesurable se presenta ante nosotros? No se trata de reevaluar el mercado, ni de corregir viejas inercias, sino de ofrecer a las mujeres una ampliación de su ya considerable compromiso. Es casi como si esos 109 días adicionales fueran la clave para desbloquear un potencial latente, una productividad extra que, hasta ahora, el calendario laboral estándar les había negado.
Imaginemos las ventajas. Más tiempo en la oficina podría traducirse en una mayor dedicación a la formación, en la consolidación de redes de contacto o, quién sabe, en el desarrollo de nuevos hobbies relacionados con el horario laboral extendido. Los empleadores, por su parte, disfrutarían de un recurso humano aún más comprometido y, lo más importante, de una paridad nominal que aliviaría la incómoda tarea de justificar diferencias salariales preexistentes. Es una hoja de ruta clara para que ellas, con un poco más de empeño y la proverbial adaptabilidad femenina, puedan finalmente decir que ganan lo mismo. Solo que un poco más tarde… en el año.
Así que, mientras otros se pierden en diatribas sobre conciliación, corresponsabilidad o la deconstrucción de estereotipos, la solución es sorprendentemente sencilla: trabajar más. Es una propuesta que celebra la resiliencia y la capacidad de sacrificio. Y, si lo pensamos bien, ¿qué mejor manera de demostrar que la igualdad es un camino al alcance de todos, siempre y cuando unos estén dispuestos a recorrerlo con un poco más de determinación y, digamos, 109 pasos extra?
