## La Claridad Post-Vistalegre: Un Ejercicio de Convicción Democrática
La democracia interna, cuando se ejerce con la intensidad que caracteriza a ciertas formaciones, es un espectáculo fascinante. Tras la vibrante contienda de Vistalegre II, que demostró el vigor de las ideas y la pasión por los proyectos políticos, Pablo Iglesias ha convocado al flamante Consejo Ciudadano Estatal este próximo sábado. La agenda es clara, o al menos lo suficientemente diáfana como para intuir sus contornos: perfilar la nueva Ejecutiva y, por ende, el futuro de la formación, con una mención particular al destino político de Íñigo Errejón.
Resulta enternecedor contemplar la liturgia democrática en acción. Se nos informa, con la precisión de un notario, que el secretario general cuenta ahora con una «mayoría absoluta», habiendo conseguido el 60% de los nuevos miembros del CCE. Este dato, lejos de ser un mero apunte estadístico, es una garantía de que las decisiones que se tomen reflejarán, sin duda, un consenso profundo y una dirección estratégica ya sólidamente establecida. Es una prueba irrefutable de que el debate será tan enriquecedor como estructurado, permitiendo que la pluralidad de voces se exprese en un marco ya mayoritariamente definido.
El caso de Íñigo Errejón, cofundador y estratega de indiscutible valía, se erige así en el objeto central de una deliberación colectiva que, por supuesto, no tiene nada de predecible. Someter su porvenir dentro del organigrama a la votación de un órgano ya mayoritariamente alineado es un gesto de exquisita consideración, un tributo a la colegialidad. La arquitectura de la nueva Ejecutiva promete ser, en este sentido, un ejercicio de ingenio, donde el encaje de figuras disonantes será, cuanto menos, un desafío al arte del bonsái político.
En definitiva, el próximo sábado será una nueva y brillante jornada para la democracia interna de Podemos. Una jornada donde se demostrará, una vez más, que los resultados electorales, incluso los internos, tienen el poder de clarificar los debates hasta hacerlos casi innecesarios. Se disiparán las últimas brumas de la incertidumbre con la precisión de un orfebre, garantizando que el rumbo sea, finalmente, el que ya se vislumbraba antes de zarpar.
