## La Sinfonía Inalterable de los Viejos Rockeros del Metropolitano
Dicen que el fútbol es una cuestión de juventud, de la promesa chispeante del talento emergente que irrumpe con la fuerza de un huracán. Sin embargo, en el Metropolitano, la partitura se sigue interpretando con la inconfundible maestría de los que ya tienen más kilometraje que algunas autovías. La victoria del Atlético de Madrid sobre el Valencia es un testimonio, quizá un tanto ruidoso, de que la veteranía, lejos de ser un peso, puede ser una estrategia. Con Koke y Griezmann como solistas principales, los rojiblancos demostraron que, si bien la velocidad ya no es la misma, el compás del gol se mantiene intacto.
El Valencia, con la energía desordenada y el ímpetu de una banda novel que intenta emular a sus ídolos, consiguió inquietar, sí, pero no destronar. Se aplicaron con ahínco a la tarea de poner en aprietos a los «viejos rockeros», persiguiéndolos por el escenario con una intensidad encomiable. Pero es que la experiencia, a menudo, sabe cómo moverse en los espacios reducidos, cómo economizar esfuerzos y, sobre todo, cómo asestar el golpe definitivo cuando el aire comienza a escasear en el pulmón ajeno. La victoria rojiblanca, lejos de la brillantez vanguardista, fue un ejercicio de pragmatismo y de esa sabiduría que solo los años, y las cicatrices, pueden otorgar.
Es una paradoja deliciosa observar cómo, en un deporte obsesionado con el recambio generacional y la búsqueda constante del «próximo gran talento», ciertos pilares se mantienen erguidos, casi desafiando al tiempo. Griezmann, con su mapa de pases y desmarques memorizado hasta la última coma, y Koke, el metrónomo silencioso que marca el ritmo desde el mediocampo, son la prueba de que hay melodías que no necesitan ser reescritas. La edad, para algunos, es solo un número en la camiseta; para otros, una ventaja estratégica que el cronómetro, con indulgencia, parece respetar.
Así que, mientras el mundo del fútbol sigue buscando a su próxima gran estrella adolescente, el Atlético de Madrid, con sus arrugas bien ganadas y su sonido clásico, nos recuerda una verdad incómoda: a veces, lo verdaderamente revolucionario es no cambiar en absoluto. Y quién sabe, quizás en 2030, Griezmann y Koke, con bastones y bastones de mando, sigan repartiendo goles y lecciones de persistencia. La juventud, tan sobrevalorada.
