## El Dulce Agobio de la Omnipotencia Ciclista
Ah, las penas del genio. Pobre Tadej Pogačar, condenado a transitar la encrucijada existencial de 2026, debatiéndose entre la gloria del Tour de Francia y la barbarie sublime de la París-Roubaix. Cualquiera de nosotros, simples mortales del pelotón o del sofá, se desvelaría semanas enteras ante tal disyuntiva; para el esloveno, en cambio, se nos presenta como una de esas preocupaciones nimias que solo los elegidos pueden permitirse, una especie de «¿qué capricho me doy este año?» elevado a la enésima potencia.
La noticia, desvelada con la seriedad de un comunicado bursátil, confirma su «apuesta por los Monumentos». Qué declaración tan audaz y, a la vez, tan esperada de un ciclista que parece considerar cada carrera un mero pretexto para añadir otra joya a su corona. Arrancará en la Strade Bianche, por supuesto, ese aperitivo casi íntimo antes de que el mundo se rinda a la evidencia. Es como si el demiurgo del ciclismo contemporáneo se dignara a comunicarnos su calendario, no para pedir permiso, sino para que tengamos la oportunidad de reservar nuestras agendas y ser testigos de su próxima apoteosis.
Y como colofón a esta declaración de intenciones, la sutil pincelada: no tendrá a Almeida en la Grande Boucle. Una información que, despojada de su contexto, podría parecer relevante, pero que en la órbita de Pogačar suena a reajuste menor en una máquina diseñada para la victoria. Quizá para que la Grande Boucle no tenga más estrellas que la suya propia, o para simplificar aún más la ecuación de la victoria, eliminando variables que podrían (horror) diluir la magnitud de su próximo éxito. Un detalle que, más que aliviarle, parece añadir peso a su ya de por sí abultada responsabilidad de ser, simplemente, Tadej Pogačar.
Así pues, mientras el resto del ciclismo se afana en elegir su especialidad, en afinar una o dos armas, Pogačar se pasea por el buffet de los logros, mirando con cierto hastío las bandejas repletas de gestas históricas y preguntándose cuál le apetece más hoy. Al final, la verdadera elección no es la suya, sino la nuestra: la de prepararnos para ser testigos de otra temporada en la que un hombre decidió que las fronteras del ciclismo eran, en realidad, meros puntos suspensivos en su biografía. Pobre Tadej, con tantas opciones y tan poco espacio en el palmarés para todas ellas. Qué martirio.
