## La Arquitectura de la Voluntad: Un Estudio en Eficiencia Inmobiliaria
Dicen que el arte de la influencia política ha alcanzado nuevas cotas de sofisticación, y el reciente informe de la UCO sobre un chalé gaditano parece corroborarlo con una elegancia casi escandalosa. No es cualquier propiedad, claro, sino una que, con una inversión de «más de un kilo», sirvió de pieza clave en el intrincado engranaje para «facilitar» una licencia. Una arquitectura financiera tan diáfana como el Mediterráneo, donde un trozo de ladrillo y argamasa se transmuta en lubricante burocrático de alta gama. Lo que algunos podrían ver como una burda transacción, otros, más perspicaces, identificarán como un meticuloso estudio de mercado sobre el valor de la «disposición» ministerial.
Resulta fascinante observar cómo, en la vorágine de la gestión pública moderna, ciertos «facilitadores» han descubierto atajos tan ingeniosos. No es que el honorable ministro careciera de criterio, faltaría más. Es que la complejidad administrativa de nuestro tiempo demanda, en ocasiones, un incentivo extra, una sutil invitación a la contemplación en un entorno privilegiado, para que la «voluntad» encuentre el camino más expedito. La burocracia, tan proclive a enredarse en papeleos, se desenreda con una gracia sorprendente cuando un bien inmueble entra en la ecuación. El «botoncito», lejos de ser un mero interruptor, se revela como la culminación de un proceso de afinidad bien engrasado.
Lo lamentable de estas revelaciones, sin embargo, no es tanto la transacción en sí —¿quién no busca optimizar sus gestiones?— como la burda interpretación que se hace de ellas. Lo que algunos podrían ver como una burda compra de voluntades, es en realidad una delicada danza de intereses convergentes, una inversión en «relaciones públicas» de alto nivel. Y es que el auténtico drama no reside en el coste del chalé, sino en la prosaica intromisión de informes judiciales que reducen tan poética labor a meros «indicios delictivos». Qué falta de poesía.
Quizá la verdadera lección aquí no sea la condena de una práctica, sino la lamentable constatación de que la sociedad aún no está preparada para apreciar la eficiencia del «botoncito» cuando este se activa en el momento y lugar adecuados, con el «incentivo» correcto. Es una pena que tales metodologías, que tanto ahorran en trámites y dilaciones, terminen bajo el microscopio de la UCO, desnudando la «magia» de la facilitación ante ojos incapaces de ver más allá de un simple millón y un inmueble. Al final, el mayor crimen podría ser la ingratitud por un servicio tan… personal.
